Las fiestas navideñas pueden ser la época más feliz del año, pero no por las razones que creemos

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Aunque no debería haber momento ideal del año para recibir y dar regalos, las Navidades son una gran excusa para demostrarles a nuestros familiares y amigos, o a nuestra pareja, cuánto los queremos, a través de un símbolo de nuestro amor.

Recientemente, los estudios en psicología han demostrado que las fiestas pueden ser la época más feliz del año, pero no por las razones que creemos: dar regalos nos hace más felices que recibirlos, y está comprobado.

Dar regalos nos hace más felices que recibirlos, según estudio

La felicidad que experimentamos después de determinado evento disminuye según el número de veces que lo vivamos, explica la Asociación de Ciencias Psicológicas, en un fenómeno que se conoce en psicología como adaptación hedonista.

¿Qué significa esto? Que la felicidad que sentimos no tiene relación directa con la cantidad de veces que experimentamos una actividad placentera. Por eso es que el dinero no compra la felicidad, aunque siempre queramos más y más. No es necesariamente una actitud codiciosa del ser humano; nos aburrimos rápido de lo que tenemos, nos adaptamos fácilmente al cambio. Cuando nos acostumbramos a algo, simplemente le restamos valor.

El descubrimiento de un estudio publicado en la revista científica Psychological Science demostró, sin embargo, que la acción de dar regalos es inmune a este tipo de adaptación. Después de repetir incontables veces la acción de dar un regalo, nuestra felicidad se mantiene constante.

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¿Podría ser una actitud más generosa la receta de la felicidad? Estas son las palabras de uno de los autores del estudio, Ed O’Brien, doctor en psicología social de la Universidad de Chicago, al respecto:

Si quieres mantener la felicidad a través del tiempo, la investigación previa nos dice que necesitas tomarte un descanso de lo que estás experimentando ahora y experimentar algo nuevo. Nuestra investigación nos dice que el tipo de experiencia puede importar más de lo que creemos: dar repetitivamente, incluso en formas idénticas hacia terceros idénticos, puede continuar sintiéndose relativamente nuevo y relativamente placentero.

En uno de los experimentos del estudio, los participantes, estudiantes de la universidad, recibieron cinco dólares cada día por cinco días; se les pidió gastar el dinero en exactamente la misma cosa cada día. Los autores del estudio propusieron, de manera aleatoria, que algunos participantes gastaran el dinero en sí mismos y que otros lo gastaran en otras personas. Por ejemplo, cada día dejarían ese dinero para la propina del mismo café, o harían una donación a la misma organización todos los días. Al final de cada día, los participantes debían hacer una reflexión sobre su felicidad.

Los datos fueron consistentes entre los 96 participantes: si bien todos habían comenzado el estudio con niveles similares de felicidad (en una reflexión previa al estudio), aquellos que habían gastado dinero en sí mismos reportaron el mismo declive en su felicidad, en el período de cinco días. Sin embargo, para aquellos que habían tenido que gastar el dinero en alguien más, la felicidad se mantuvo tan fuerte en el último día como en el primero.

Otro experimento llevado a cabo por los autores tuvo exactamente los mismos resultados. Esta vez, la muestra que pudieron conseguir fue más grande, dado que los participantes tomaban parte en el estudio a través de Internet. En el experimento, los 502 participantes jugaron 10 turnos en un juego; después de cada turno, si ganaban, se les acreditaban 5 centavos, que podían utilizar en sí mismos o en un acto de caridad.

El resultado fue igual: la felicidad de aquellas personas que donaron sus ganancias se mantuvo constante, de manera contraria respecto a la felicidad de las personas que decidieron quedárselas, que tuvo una gran caída, de acuerdo a las reflexiones de los propios participantes.

Se podría pensar que, en el estudio, las condiciones de dar y recibir tenían ciertas diferencias, y que por eso los niveles de felicidad reportados fueron diferentes. Sin embargo, los autores analizaron todos estos datos, llegando a la conclusión de que «la diferencia clave en [los dos tipos de] felicidad permaneció constante aunque se controlaran otras variables del análisis».

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¿Por qué es tan gratificante el acto de dar?

La adaptación a las experiencias felices puede servirnos, al punto que nos da la motivación para seguir adelante y adquirir más recursos. ¿Por qué esto no sucede con la felicidad que sentimos al dar?

Los autores tienen algunas teorías para responder a esta pregunta. Por ejemplo, cuando las personas se enfocan en un resultado, como obtener dinero, pueden comparar esos resultados fácilmente, lo que atenúa su sensibilidad ante cada experiencia.

Sin embargo, cuando las personas se concentran en una acción, como donar a una organización de caridad, pueden encontrarse menos concentradas en la comparación de esta experiencia con otra, viviendo en su lugar cada acto generoso como un evento único.

Los mejores regalos son los que se dan sin ocasión, pensando en lo que el otro quiere y necesita. Es una atención que le dice «te estoy escuchando», y vale mucho más que tu felicidad: está también la suya.

Fuente: vix.com